- ...” A simple vista hay una distancia desalentadora que me separa de mi propia identidad, al resto de mi dialéctica imprevista, debiendo dar testimonio de un remordimiento mágico, que ya no soporto.
A decir verdad, te confieso que me encuentro en un difuso monologo individual, soslayado en la plena alborada, que besa mis promiscuas mordidas con el cargo de una culpabilidad expuesta por alguien que nunca todavía eh conocido. Tal acusación es tan vil como grosera, pues quien reina como victima, no es más que mi persona, y estoy obligado a conocer el delito del que se me acusa. Tan solo un rato antes del comienzo de este preámbulo, la eh visto ajena, perdida en otros sólidos ojos.
Porque despacho con la torpeza de un prodigo el papel de un hidalgo enaltecido, que coloca al ilógico juicio en una anciana galería de una tarde de invierno.
Esta gran falacia, no es mas que una mentira, una diestra enemiga, que baja por el pasillo, y que corrompe con su seducción por cada suspiro mío, lamento decirte que solo la pirámide alcohólica es la única heroína que se desliza sobre su vértice toxico, la incertidumbre de mi única verdad.
Descalificándome por momentos hasta el punto de ser engañosas las penumbras que destilan borrachas, una destellada de ilusiones. Ahora conciente las interrumpo en mi mente ya traspasada de límites vacíos.
De tan solo ver, el enigma de una roca, es el desvelo que me destierra del inequívoco temor de suponer que estuve alguna vez acompañado. Pues tu sabes, que todos pasamos por esta injusta travesía, pero bien, yo lo padezco por poseer antecedentes falsos, vacilantes cargos que me disparan sin tener precio, de eso ya no me sorprende.
Esa degradante injusticia, que censura el dilema de una apesadumbrada querella errante, es como una infame y corta prenda de abrigo.
Porque te juro que el odio ha matado al hombre original, y que en consecuencia el sosiego de mis miedos, obtuvo de mi cuerpo, la sana pavura, de elegantes campanadas, centinelas que ahora tocan mi puerta y declaran hacerme favores, sin pedirme nada a cambio, sueltos de una rabia esotérica, estos pretoriales guardianes tienen las pretensión de quererme defender, y no son mas que unos pocos mendigos oportunistas vestidos con los repliegue de un ángel blanco.
Desde ayer entonces que eh decidido permanecer apartado de todos los licores del mundo, y de sus encantos casuales, para solo figurar como una chispa lejana en un horizonte taciturno.
Tal vez como un cadalso prematuro, siento la necesidad imperiosa de contarte, que me imposibilita la marcha inválida de mis pies, pues estas vergonzantes alteraciones veneran imagines cómicas a mi esquelético y sombrío fervor, persistentes todavía, son como la resaltada característica de un jinete aglutinado que aguarda con el hambre, las emociones innatas de mis pasos.
Una molesta e innecesaria violencia que me formula curiosa, las descuidadas y grotescas comparaciones con cada pregunta intimidante, a mi edad trastocada todo se representa como tal.
Esa misma paradoja que a la fecha siempre prevé en mi reflejo, un diminuto diamante de razón.
Si su juventud soñase una noche conmigo, el embrutecimiento absurdo de mis penas caucásicas, se acostumbraría a perder su final.
Sobre esta conducta de homicidio es elemental destacar la destreza de mi paciencia que guarda hábil los ánimos sobre este juicio, y hoy solo soy un vagabundo ciego que se alimenta de su locura voraz, Con tal avaricia, esta famosa herramienta de poder (la difamación anónima del cual hoy se me acusa) se esta destituyendo lánguidamente al solitario poder que gobierna agobiado al valor ético y moral, del “...ya nada puedo hacer, y del ya nada puedo obtener...”
Porque por más que una amontonada calma pese sobre mis hombros, el manto de una tonada bucólica, me hace digerir los recuerdos fílmicos de una disoluta figura femenina, quizás tan deslumbrada como la nieve.
No seamos hipócritas, a lo que a mi me concierne de tu perjuicio capital, tu sabes bien que, alguna vez ella estuvo guardada celosamente en nuestra visión azul mundana.
Ultimando para mí persona, el despertar de un incendio. Este álbum obediente es quien últimamente se quema como un tímido y joven niño, que espera frió la conciliadora resistencia de sus brazos cicatrizados...” -
Y quiero dar cuenta.
De tener la seguridad de que tanto por lo escrito o de viva voz, nadie podría exponer estas materias mejor que yo.
Pero se que también en mi mente, hay un lejano desierto que entona por debajo estrofas de extremaunción.
Por ende, como prueba de mi calma,
Te redacto estrechas reservas de la carta que me ha llegado de alguien que aun no conozco, pero sabiendo que es aquella persona que me ha deslumbrado como la nieve;
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Al único ser;
“...Mis dos lagrimas caen en mi sonrisa.
Y el solsticio de tu cautela huye como heroína anónima.
La ceremonia de tus alegatos ya ha finalizado, y yo entiendo que son las piedras fundamentales de tu defensa, pero con el alba de un amanecer, mi cena pasada, solo la percibiste como un acto artificial, y por la gracia, se ha forjado en la confusión de excesos, como mi debilidad imperturbable.
Me permito abandonar el uso de la descripción académica, por el detalle único que transcriba la referencia exacta de lo que yo llamo exceso; déjame explicarte que parten de un concepto abstracto hasta formar finalmente en una representación ancestral, dirigida por criaturas que promulgan un sin fin de despertares.
Cuyos silencios son una formación de palabras que fenecen, y se pierden sobre la cruz de una sombra.
¡Pues ahora, despierta hijo mío!
Concédeme una celebrada cita, en tu apostólico aliento.
Seré el origen de tus recuerdos,
Aquella disoluta figura femenina que hoy acepta ansiosa tu bautismo, como el fruto, que acepto tu semilla.
Porque tengo la facultad de sentir tus golpes como una perversión, cuando salen por mi boca, porque rechinas como el caballo negro que mantiene el coraje de cubrir su rostro extraño.
Vamos.... toda esa fijación enterrada en tu natural y absoluto honor, se expande, por algún relieve.
Y con la utilidad de una maniobra circense yo te cantare como un animal.
Que te contraiga la perseverante idea histérica de comprenderme, entiende que de todas las tentaciones, el delirio engendra a la lujuria, por lo que yo soy capaz de besarte en tu ahogo inviolable sin asistencia de nadie.
Eres al fin mi motivo sentimental, mi objeto infantil, con tal de labrar el misterioso oficio de una actriz-amante.
Seré la reconocida traidora, que por la noche dormiría despierta sobre tu ceniza blanca.
Excomulgándote de la nada, ese será tal vez tu mejor viaje.
Que me distraiga en tu discurso, no es un medio lascivo, y si quizás un fin inteligente, pues estaré dispuesta a desnudar mi disfraz hasta que te veas pronto apoyado en mi exterior,
Excitación,
Calor, sobre cada parada, suave
Solo para que no haya disolución en tus fronteras, te ruego que me enseñes flexible, tus manos que navegan por el mar de los conocimientos.
Pese a entender que seré la paciente servidora que convincente deba cruzar el limite de tu locuaz imitación con mi rivalidad real.
A ti te construiré una invitación, una alquimia descuidada en la humildad, hasta que logre la dicha de sentir tu libertad en mis venas...”
Si yo hubiera creído que tus palabras podían expresarse de tal modo,
¿Qué otra tarea mas hermosa habrías podido llevar acabo, bajo el velo de tus infinitas ideas?
Fin
Segundo y ultimo reproche para la virtud;
...”Oh, querida y amada virtud, a ti te expulso de mis recuerdos, porque tu que tantas veces me supiste cobijar en tu reino, como un noble servidor, me escupes ahora con tus ajenos y bohemios cristales el hechizo que me hizo desconfiar alguna vez en ti, que culpa encuentras en mi, o que pruebas tienes, para refutar mi verdad, a que me condenas solitaria a sostener la brasa de una tristeza penitente, derramándome el hervor de un vino, muerto.
Todos tus mediocres trovadores te lloran cada vez que oyen el grito aturdido de mi exclamación pidiendo por la plegaria de no verme enterrado bajo tu exilio de resplandor.
¿Que misericordiosa y quebrantada fe de engaños, existen hoy en tus actuales concilios?
Si, en tu cubierta flagelada, todo es un renovado júbilo de pena y nostalgia, y tu ciudad es gigante, si te fuera de piedra, pero poco tú sabes, que mi garganta, ahora se seca y vibra de lamentos.
Entonces sabes, que le seria feliz a mi confesión, si me aferrase a la necedad de tu aroma impregnada, como un vuelo olvidado, dejándome alcanzarte hasta el punto de un orgasmo viudo.
Semilla de un cielo inmenso, el canto antagónico de tus bestias físicas, son ahora las instancias de mi abismo.
Ayúdame a sanar mis fiebres de veneno, vamos... amada virtud, nadie nos esta observando, por ningún lado que no podamos saber. Tus caudales de sortilegios, se evaporan hasta en mis pulmones y de nuevo ella aparece, contrarrestando la irreversible y suave cólera del éxodo silenciador de una sentencia tormentosa y definitiva.
Bailarina sutil, su recorrido se inunda por debajo de mi lago, como nerviosa y visible espera.
Donde todo lo que supe tocar, se avasalla con el asomo curioso de la melancolía generosa.
Y hoy es mi sol, quien se enferma en el presente.
Adorable y terrible, porque me abandonas de forma tan brillante, dejándome dormido con la cabeza estremecida en las aspas de un final, soy un ser desnudo que se encuentra allí, con la torpeza de una explosión sensacional de un territorio que se desvela a la par de mis emociones...”
- ...”Distinguida virtud, tu sabes lo que haces...
Pero nada me falta más, que gesticularte el crudo saludo de mi intolerancia.
Y ella sabe cautiva, quien espera verme rendido implacable, en su espectáculo primitivo, el imprescindible cautiverio, que nos adorna como invisibles.
Pero retrocederé hasta conseguir la fuerza que me alimente de mis arrogancias, con tanto éxito.
Que por segundos yo cerrare los ojos,
Y perderé el control...
Cercana y,
evidente trauma que ahora me envidias,
Este grito que no puede detenerme ahora,
Me toma la libertad de decirte adiós...”
Fin.
Carta final para el único ser;
Ven, te estoy esperando, hijo mío,...
Sutilezas
Sexo
Guerras
Confusión...
El ojo de un insecto, promiscuo es el padre de tu enfermedad
Esperándote, como una asesino, en sus veranos calurosos.
Solo te pido silencio
Silencio...
Ahora, Hijo mío,
De tu gemido tormentoso, surgirá una luz.
Tu segundo cielo, ha de envolverte...
“... y te estrecharas en segundos por mi pecho, mirándome asustado con tus ojos hinchados.
Y me sangraran lágrimas inseguras por ser tu madre,
9 meses, solos, y con tremendo placer...”
Fin.
29/05/05
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