Esperando otra vez llegar a mi destino. No se que hora será, pero mi observación de rutina me dice que va cayendo la noche por encima mío, otra vez mas.
Repentinamente por delante mío se desfigura la imagen, de un hombre, que temporalmente cabeceaba, como aceptando lánguidamente las oraciones sordas, formadas por mi mente, Nuestro viaje pierde a un individuo mas.
Ya no tengo a nadie, solo alguna distancia que me separan de la espalda del que me lleva. Mi propia versión de los hechos me intriga, me hace girar la cabeza hacia atrás (mi cuerpo lo acompaña con un movimiento rítmico, casi instantáneo, simultaneo), buscándolo de nuevo, pero aquel dichoso ser ya había desaparecido.
Observando ahora un desnutrido numero de almas desquiciadas. Es cierto que uno comienza a pensar en sus historias personales, o al menos inventarlas y creérmelas, yo las construyo.
Detengo la mirada caliente, en una mujer mayor, debería tener entre cincuenta y cincuenta y cinco años, me olvido de todo, inmaculado empiezo con ella la trayectoria y el curso de su historia, se me ocurre que paso una larga y sublime vida sentada allí, padeciendo los golpes con tranquilidad, sabiendo dulcemente que al llegar, recibirá el amor disfrazado de afecto y contención.
Sigo mirando mas allá de aquella singular historia, como esperando encontrar algo o alguien, cuestiones filosóficas si las hay. Mi búsqueda paralelamente esta siempre acompañada por el molesto, y perturbante ruido, de un pobre y antaño motor herido, la luz del lugar no me ayuda, es casi nula y no distingo en verdad a casi ninguno en particular, estoy desorientado, los espío, los espío a razón de ver algo, en general todos tienen sus miradas muertas, bajas, y sus bocas censuradas por un instante, nuestra respiración nació afónica y raspa el aire con el permiso de todos.
La multitud se deja llevar como yo, por un trayecto que siempre es el mismo, un caballo gastado, que en su lomo dominan sombras extrañas.
Impacto o ligereza, la imagen nueva, cruza caprichosamente, por delante de mío, ¿quien será?.
Cómodamente se sienta frente a las miradas hostiles que caen sobre su persona, hay un verdadero bosque, espeso cargado de pelo negro, si, solo eso se puede ver, un bosque tupido de bruma negra, enfermo, producto del descuidado y del maltrato capilar.
Nacen en mi, otra vez mas, las ganas de jugar con mi imaginación, recreando las líneas de su rostro, su vida, su trayecto y quizás también su destino ¿hasta donde ira?, ¿Llegara a tiempo?, y una larga lista de etc.
A medida que mi interés alcanza a saborear tímidamente el jugo de este juego mental, como si fuera por ventura, se va llenando de a poco la maquina, cambiando el paisaje del mismo, surgiendo de la nada, nuevos rostros, con historias para despachar por un largo rato.
Mi aburrimiento roza con torpeza el nivel de la impaciencia.
Quizás guiando mis ojos hacia los ojos del caballo, me entretenga, con algo nuevo, alcanzando a centrifugar mis etéreas ideas, pero de golpe mi destino elegido acaba de pasar frente a mis nublados ojos.
Levantándome de mi asiento como resorte, volteo mi cuerpo, caminando por un largo corredor angosto que llaman pasillo, parece una galería de tragedias.
A cada paso, se me cruzan y entrecruzan todas las bibliografías inventadas, pero no me preocupo en saludarlas, peregrino solo hasta ver la ultima cabeza, alcanzando el final.
Sin darme cuenta la maquina se detiene por completo, automáticamente se abren las puertas, motivando a salir de este infierno, de este desorden.
Bajo de aquel urbano colectivo 60, sabiendo que caminare entre las tertulias de mi único amigo, el destino.
Mi destino.
2004
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