Dicen que del inalcanzable techo se desprende toda la razón
porque en cada inerte gota, ha sido fácil sentir.
Ser el hijo sin remedio,
ser el galope del cristal amanecido que baila en mi pecho
Que la pubertad de su brillo me golpeo
Y celosa, yo lo encontré...
Y que importa, mi final
Si en su memoria virgen, se muere mi porvenir.
Y de no aceptar de cada mañana la distracción de su silencio perdido
Con el afán apaciguado, con mi estomago herido, yo lo busco, hoy.
Porque cuando de las distancias, navega la historia de mi soledad,
el desengaño, es milagro,
y el desafió, no es mas que la cena de mi interior.
Pues al quererla en secreto con la demora de un viajero
Labrar a la elevada tierra, el canto azul de su viento.
Yo me levanto también detrás de ti.
Porque yo te veo en los cerros, la caricia infinita de la casual bienvenida
Porque yo te veo en las estrellas que nacen, y en las voces que mueren,
Porque yo no te alejo en la hazaña de mi mente
por cada noche iluminada...
Cuestión que sin tu dolor me incita el lamento de mi dolor, llorando me voy, sin sabor
Como un fuego borrado,
que el corazón me alquila sin molestias
ya ves, como sombra de tu sombra...
la latitud es tu única mirada.
Y tu espalda, es mi lejanía.
Porque cuando un día tu cielo no fue tan ajeno al mío
Yo soñé con elegantes águilas que te volaban como gigantes.
Como un favor de quien te busca, vive en tu conciencia sin rumbo.
Dejando en cada cima descubierta
la espera de una lágrima que florece con ardiente fervor.
El nuevo ser, que encarna sin volver.
Ahora, mírate en tu espejo,
Porque después de todo, yo me eh alegrado
Encerrándote como alimento
que sin demasiada prisa...
Deseaba perder
Porque en este largo camino
Siempre ando viajando y
al alba de tus costumbres
Yo no las he dejado de olvidar...
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