Es así mi humilde explicación:
Poseemos para nuestro sufrimiento, el origen de dos sustancias, tan distintas y tan similares como el sustantivo, hace del verbo.
Dos naturalezas sensiblemente acostadas sobre dos mundos tan apartados del otro, pero con una misma dirección, a tal grado que ya nada se puede discutir.
Nuestro origen, la del ser humano primitivo, y puro de cuerpo y espíritu, recta y posee la duración de nueve meses, la misma que conocemos como la gestación de un individuo, pero lo que no sabemos quizás sea por la alteración de nuestra realidad, o ya sea por el distanciamiento de la misma, es el orden real de nuestras vivencias Es que sobre estos temporales y mortales nueve meses, la vivimos como el universo en su plenitud personal de nuestras originales experiencias. Es el tiempo de ser alimentados, dependiendo del exterior, aprender a movernos, a dar golpes esquivos logrando la perplejidad de nuestros sentidos aun siendo muy jóvenes e inocentes nuestros músculos.
Todo lo que adquirimos como sonido, es real, sensible, aliviador o ruidoso, y nace del mismo exterior de nuestro caparazón. Digo, que aun no lo conocemos a esa naturaleza incierta que la apreciamos con la calma y la paz de un universo continuo y bello de toda expresión carente de toda violencia.
Es el arte quien nos hace de nosotros un altivo elemento de excesos, somos nosotros mismos que tenemos el poder de adquirir la expresión nueva de pedir más por nuestras siembras. Somos únicos e individuales en este universo, y quien halla compartido tal vivencia con alguien, hablo de mellizos, gemelos o el amontonamiento de mas seres, es la paradoja de ver por detrás de una niebla, el sentido de comunidad, de grupo o del mismo caos.
Soñamos con este universo, como si nos fuera la única ventana de nuestras experiencias, el exilio de aquel refugio, nos dará la razón, cuando verdaderamente aprendemos a usar las drogas mentales o caseras que nos corran por nuestras cabezas como si alguna vez, "no la hayamos visto" de nuevo, esta vez en el desenfrenado movimiento de una luz ideada por nuestras miradas, o el distorsionamiento de una pared viva que se hunde sobre nuestras espaldas, en todo sentido describo reacciones iluminadas.
Pero cuando la misma muerte nos abraza en esta primera vida agotada, es ella quien se disfraza de madre para nuestro segundo cielo. Y ya nos convertimos de participantes en protagonistas directos de la misma naturaleza original, la misma que de tanto en tanto, nos brindo de regalos en nuestra primera cita.
Y otorgados de justicia, para esta futura segunda sustancia de vida, existe también un determinado tiempo, que solo podemos cuestionarnos con decir que cada uno de nosotros, personalmente se altera el tiempo de su fin.
Entonces, hay dos puertas por cruzar para cuando nuestros cuerpos han de nublarse, una se dice llamar la virtud, el bien o el bienestar de nuestras acciones, y no es mas que un articulo de círculos digestivos, al inevitable destino de volver a nacer, a recrear y a percibir de nuevo el ansiado universo infinito que supimos visualizar en nuestra primera jornada de individuos. Es la Fuerza viril e indomable que cumple con nuestras operaciones divinas.
La segunda puerta que uno puede cruzar, es la llamada fuerza del género, el destierro de los pecadores, el mal, la peste tormentosa de un desequilibrio ya confinado para algunos.
Pero quiero mencionar que sobre esta apertura, siento que es el Origen que alguien tiene de convertirse en la misma naturaleza que nos cautiva día a día.
La transformación escénica esta presente y depende de nuestras acciones, y realmente de nuestro mando nervioso, expresión de que todo lo que somos es el todo lo que nos rodea de nuestra realidad. Siendo claro y benevolente a decir que somos nosotros mismos, disfrazados eternamente en el idilio del arte "natural" y desalentador de ser tal vez un desierto, un monte, o en la soslayada rama enferma de un árbol, entre otras tantas órdenes y disposiciones de formas o elementos que compongan de nuestro teatro, la fauna y flora. Es nuestra nueva ley, nuestro nuevo vestido que nos sentencia a desfigurarnos como tales...
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