lunes, 4 de octubre de 2010

Una señal

Al final del costado enajenado al borde de la ansiedad
En plena luz que cubre las distancias.
No es el final…

Si hablo del silencio como el idilio de horizontes,
Y recojo de sus cristales, el pasado de sus etéreas alegorías.

Si creo suavemente que tu disparo me partió como el milagro de mi piel
Es un interesado principio de fantasía.
Encegueciéndome en el regocijo de la sorpresa.

Pero en el intacto, despierto…
Acudiré a la herejía de sentirme inalcanzable
Sabiendo descubrir de tu tormenta, la belleza de la nueva criatura.

Buscando en el Arco Iris de tus huesos,
La curiosidad que gobierne la sensación de mi extrema riqueza.

No es el final…
Si retrocedo hasta la inconciencia de lo inmaculado
Mirando sobre mi ventana el principio fugaz del universo.
Despidiendo con lagrimas mi violencia emocional.

No es momento de juicios
Si la libertad de tu cuerpo es la asesina que me despierta.
En la desolación de mi viejo perfil.

Recordando uno a uno el respeto de mis ojos sin ningún pensamiento
Cuando tú no sabes que susurré en tus labios mi tradición desconocida,

Una chance más en tu jardín de luz. Me dará la razón.

Vamos mujer,
Cuídame en el principado de tu risa infantil
Que serás preciosa como el nuevo viento que me vestirá.

Con tus delgadas líneas salpicaras a los salvajes
y excitaras a nuestras mentes.

Entonces no es final.
Si me ayudas en la oscuridad a callar a la solitaria turbe acostumbrada,
Caminando sobre las causalidades de dolor.

Detrás de ti, estoy, en la espalda de tu deseo espero una señal.

En tu vasto océano, mírame una vez más,
Solo una vez más.

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