Te puedo contar,
el nombre de su reino
te puedo contar,
que piensa ella.
Pero sus granos de arena blanca
estallan promiscuamente a la par
de la serpiente,
que se arrastra sobre la fina melodía.
Por que mejor
no la levantas.
Y ven Aquí...
espera a mirarla adentro
que el cielo ansioso, ha muerto
Acompáñame...
Que esa tela tan desgastada no sabe de nuestros miedos
Acompáñame ya...
Que el idilio de su cristal callado
Pone fin, y nos puede tocar.
Todavía no hay hechizos
nada en nuestras mentes,
como para no asesinarla
delante de nuestras manos...
Casi tan real, como el metal.
Y nada es tan sublime como el golpe
Comparado con el desliz de su metáfora final.
Hoy sus palabras son tan sensibles,
Y al otro, una ilusión herida
Que mi frontera se asombra de los arcos enmarañados.
Cuando solo la noche se queda sin compañia, sufre de alucinaciones.
Recibe magias.
Esta conexión tan irreal
Nos invita a la naturaleza despierta.
A soñar....
Son las pervertidas chispas,
que me llaman ahora, como el inocente viajero
guiándonos en masa asordadamente al orgasmo residual.
El recuerdo capaz de ser idéntico
en cada instante experimental.
Tu, mensajera innata
Conservas una frágil mirada sexual.
Despierta juventud
Y tu, conmigo a mi tímida muerte.
Me maquillare con el amor pasajero
Que me brindaste con tus espirales
Ya era tiempo.
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